Aconitum
En la Edad Media se creía que el aconitum era utilizado por las brujas para volar; también se pensó que lo usaban para pócimas y filtros de amor.
Originaria de las zonas altas, frías, húmedas y oscuras de Europa del Este y el Himalaya. No es fácil de encontrar ya que sale al mercado solo unas pocas semanas al año.
Su nombre procede de la palabra griega “akonias”, que significa “creciendo en peñascos”, debido al hábitat natural donde suele crecer esta planta: zonas altas de los Pirineos, los Alpes, Este de Europa y en el Himalaya, donde puede encontrarse en páramos y praderas, lugares fríos, oscuros y húmedos, como las orillas de los arroyos.
En inglés el aconitum es más conocido como monkshood (capucha de monje) debido a la particular forma de sus flores, similares a los bonetes o gorras que antiguamente utilizaban los frailes y monjes. En Japón, donde tienen especies nativas de idéntica apariencia, esta flor es llamada Hana-tori Kabuto, que significa “penacho del casco del samurai”, por la peculiar silueta de los capullos, similares a los gorros de estos soldados nipones.
Todavía es muy difícil tener la oportunidad de poder comprar y disfrutar de un ramo de aconitum debido por una parte a la corta temporada en que florece, unas pocas semanas cada año, y al desconocimiento que se tiene de esta flor. Pero no deja de ser un pedazo de la historia de la humanidad y queríamos que esta semana nuestros clientes pudieran conocer y valorar esta flor.
Durante la Edad Media, el aconitum estuvo íntimamente asociado a la alquimia, la brujería y la magia negra. No era raro encontrar esta planta en los jardines de las brujas, los magos, los hechiceros y los alquimistas. Se creía que ayudaba a volar a las brujas y que las daba paso a otros mundos, lo que las permitía predecir el futuro y hacer vaticinios y profecías. El aconitum, al ser uno de los ingredientes principales de las pociones mágicas y los filtros de amor, era conocido también como “el carro de Venus”. Pero al ser muy difícil acertar con la dosis adecuada, lo que en principio debía servir para enamorar al que consumía el bebedizo en realidad acababa frecuentemente con su vida.
El naturalista romano Plinio, en el siglo I de nuestra era, había reconocido las
propiedades curativas del aconitum, especialmente en dolencias oftalmológicas.
Igualmente en los tratamientos medicinales caseros de las culturas china y árabe, el
aconitum fue usado como remedio para numerosas dolencias y en la cultura tibetana
era el tratamiento botánico más valorado y conocido como “la reina de las medicinas”.
El aconitum ha servido para tratar dolencias reumáticas, articulatorias, dolores de
cabeza, migrañas y fiebres altas. Además se utilizó como analgésico, diurético y
regulador del pulso cardíaco. Pero como no era fácil saber cuál era la dosis exacta
que podía ser beneficiosa no pudo ser considerada como una medicina eficaz hasta
1762, Störk. Los alcaloides especialmente el acónito que contiene esta planta son
contraindicados y por eso esta flor no ha sido incorporada de manera permanente como
medicamento.
Según la mitología griega esta planta surgió de la baba que goteaba de los afilados colmillos de Cerbero, el perro de tres cabezas que guardaba las puertas del Infierno. Más tarde, en Europa y Asia el aconitum se utilizó en las guerras para envenenar las reservas de agua del enemigo y los soldados solían untar la savia de esta planta en la punta de sus lanzas y flechas para herir al enemigo.
Claudio I, Emperador de Roma, fue asesinado por su propio médico con aconitum. De hecho era tan frecuente usar esta planta para asesinar a opositores políticos en el Imperio Romano que el emperador Trajano prohibió su cultivo, comercialización y consumo. Cualquier ciudadano que fuera descubierto cultivando esta flor corría el riesgo de ser condenado a morir. Muchos siglos después James Joyce recurrió literariamente a esta flor en su obra maestra, “Ulises”, en la que el padre de Leopold Bloom, el protagonista, se suicida al ingerir aconitum voluntariamente. En España antiguamente era conocida como “matalobos”, debido al uso que se hizo del aconitum para eliminar esta especie salvaje, mezclando las raíces, las hojas o la savia de esta planta con trozos de carne que se ponía en las áreas de caza. Esta práctica no solo servía para los lobos europeos sino que también se utilizó, con éxito, con los tigres que merodeaban las aldeas y tribus indias, con las panteras de Oriente Medio y con plagas de pequeños roedores.
Todavía es difícil encontrarla en floristerías pero poco a poco está olvidándose su negro pasado, gracias a la pasión que los decoradores e interioristas contemporáneos sienten por esta flor, favorita en muchos de sus conceptos florales debido al esbelto y espigado tallo y a una espectacular cúpula llena de pequeños capullos azules que, con los cuidados adecuados, pueden durar hasta una semana. El aconitum es una planta venenosa en su entorno natural y posee una de las más antiguas y siniestras historias del mundo botánico. Pero como tantas veces ocurre en la naturaleza son los seres venenosos los que a menudo nos muestran el rostro más bello y seductor. No debes comer esta flor ni sus hojas, ya que pueden contener productos tóxicos. Te recomendamos además que no pongas estas flores en la cocina por si alguien se confunde y piensa que son plantas aromáticas y las usa para cocinar.
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