Callas blancas

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Llegó a Europa desde Sudáfrica en 1731. Fue una de las flores favoritas de la sociedad victoriana.

Miss Corruthers, creadora del lenguaje de las flores, definió esta flor como un signo de finura y elegancia. Son perfectas tanto para regalar a una amistad importante o como para una declaración de amor.

En el lenguaje de las flores, la calla (que a pesar de llevar doble ele se pronuncia como si tuviera una sola, “cala”), introducida en Europa en 1731, representa belleza y estabilidad. De hecho, el nombre “calla” proviene del término griego “kalos” que significa bello.

La calla es una flor nativa de Sudáfrica, donde crece en estado salvaje de tal manera que es conocida como “el lirio gorrino”. Originariamente había seis especies de esta planta pero actualmente se han desarrollado numerosos híbridos en muchos colores, aunque las más populares y hermosas son las callas blancas y las amarillas.

Enviamos las callas protegidas con un capuchón de plástico semi-rígido en cada capullo. De esta manera procuramos garantizar que cada flor te llegue perfecta. Cuando las recibas y las pongas en el jarrón es posible que las flores estén un poco “cabezonas”, es decir, que tiendan a doblarse. No te preocupes. Únicamente necesitan un poco de agua con el contenido del sobre que te enviamos disuelto en el agua y unas horas para recuperar su estilizada silueta.

La calla tiene una larga floración, con una vida media de más o menos 8-10 días. Esta flor tiene una sed increíble y hay que asegurarse de que siempre tiene suficiente agua en el jarrón. Procura que la savia de la flor no toque la ropa, ya que la dejará manchada pero sólo lo descubrirás cuando hayas lavado la prenda. En contacto con el agua, la parte inferior del tallo se rompe y se abre. No hay problema para la flor pero puedes evitarlo con un poco de celo.

La calla es una de las flores más famosas y conocidas pero, sin embargo, es rara de encontrar debido a su alto precio. Suele utilizarse en bouquets, ramos o conceptos florales cuando se quiere resaltar el arreglo floral con un toque de distinción, nobleza y sofisticación. Las líneas puras, sencillas pero a la vez depuradas de la calla la convirtieron en una de las flores favoritas del modernismo y la belle epoque. En los últimos años ha vuelto a cobrar importancia gracias a la cultura del minimalismo, siendo muy popular por la escultural elegancia de su silueta.

Esta flor fue denominada “calla” en la estricta sociedad inglesa de la época victoriana, cuando se defendía la reserva espiritual del Imperio en el mantenimiento de las tradiciones. En concreto, en la “biblia” del lenguaje de las flores, la obra de Miss Corruthers de Inverness, se definió esta flor como un símbolo de finura y elegancia, que debía ser utilizada para regalar a una amistad importante o como símbolo en una declaración de amor.

La práctica de vincular flores con sentimientos y actitudes humanas en realidad no fue originaria de la sociedad inglesa del siglo XIX. Ya las culturas orientales y la griega, muchos siglos antes, habían vinculado emociones con algunas flores. Posteriormente, en la Francia de primeros del siglo XIX, Charlotte de la Tour firmó el primer diccionario sobre flores titulado “El Lenguaje de las Flores” (París 1819), pero no fue hasta la Inglaterra victoriana y gracias a Miss Corruthers de Inverness cuando se consolidó y universalizó el concepto de “el lenguaje de las flores”, para vincular determinados sentimientos, señales o intenciones, especialmente entre amantes que expresaban así sus emociones, con algunas especies florales.

Miss Corruthers publicó en 1879 su libro sobre el lenguaje de las flores y la obra tuvo tal éxito y repercusión que desde entonces se ha convertido en la “guía” estándar cuando se quiere explicar lo que cada flor simboliza.

A pesar de ser mundialmente conocida como “calla”, su nombre botánico técnicamente hablando en realidad es zantedeschia, en homenaje a Francesco Zantedeschia (1798 – 1873), un físico, médico y botánico italiano que escribió sobre esta flor hacia 1825. Aunque últimamente algunos estudiosos creen posible que otro Zantedeschi italiano, el físico y botánico veronés Giovanni (1773-1846), sea realmente el padre del nombre de esta flor, debido a que los estudios científicos de ambos doctores coinciden simultáneamente en el tiempo, siendo incluso anteriores los de Giovanni a los de Francesco.

En todo caso, y a pesar de que la mayoría de las fuentes consultadas conceden la paternidad del nombre botánico a éste último, el doctor italiano finalmente perdió la batalla del nombre de esta flor ante la fuerza y simplicidad de “calla”, el nombre que Miss Corruthers le dio a esta flor cincuenta años después.

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