Rosas raphaella

Rosas raphaella Rosas raphaella Rosas raphaella Rosas raphaella
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Rosas raphaella

(No disponible esta semana)

Una rara variedad de muy reciente comercialización y difícil de encontrar en floristerías.

Esta flor tiene uno de los capullos más altos, esbeltos y elegantes y un espectacular color fucsia. Tiene una curiosa floración: los capullos no se abren y lucen igual que cuando se reciben las flores.

En 1867 un descubrimiento revolucionó el mundo floral internacional: Guillot de Francia creó por primera vez en la historia botánica el primer ejemplar de rosa de té híbrido, a la que llamó La France. El invento surgió por casualidad, cuando Guillot estaba intentando mejorar una rosa naranja. El resultado fue una flor muy olorosa y con una larga floración, distinta en tamaño y características a las rosas que había hasta entonces.

Desde ese momento, la rosa de té híbrida es la más habitual en los mercados y ha pasado a ocupar el primer puesto en las listas de flores más vendidas, seguida de cerca por el lillium. La rosa de te original, anterior a la creación de los híbridos que sucedieron a la invención de Guillot de Francia, era más pequeña, casi sin olor y se producía en una escasa paleta cromática: blanco, rosa y rojo. Pero con la llegada del siglo XX las nuevas especies surgían continuamente hasta llegar a hoy día, en que se pueden encontrar en el mercado multitud de variedades de rosas de casi todos los colores y con ligeras fragancias.

La variedad que enviamos esta semana, la Rosa Raphaela (un híbrido de la rosa de té), es una flor de muy reciente comercialización y difícil de encontrar habitualmente en floristerías o puestos de barrio. Esta rosa tiene tres características que la hacen verdaderamente singular: el intenso color fucsia, que no pasa desapercibido; el generoso tamaño de los capullos, mucho más altos, esbeltos y estructurados que otras variedades y una peculiaridad muy curiosa: estas rosas no florecen, o no lo hacen tal como suelen hacerlo otras rosas, es decir no se abren sino que permanecen tal como llegan el primer día. Esta rara cualidad permite secar esta flor con facilidad. Así podrás tener el ramo luciendo precioso unos cuantos días y después secarlo como si acabaras de recibirlo.

Para secar el ramo, pon las flores atadas por los tallos y boca abajo. Rocíalas generosamente con laca de pelo y envuelve el ramo en papel de periódico. Coloca el ramo colgado boca abajo en un lugar oscuro y déjalo secar durante dos o tres semanas. Conseguirás un bouquet de rosas secas precioso y con los capullos ¡como si fueran a florecer de un momento a otro!

Pero si no quieres secarlas podrás disfrutar de unas flores de larga duración, si reciben los cuidados adecuados. Necesitan agua constante, estar alejadas de fuentes de calor o exposiciones al sol directo y conviene cambiarlas el agua cada dos o tres días, recortando periódicamente el tallo en diagonal para que la flor tenga más superficie por donde absorber el agua. No obstante y para explicar claramente cómo hay que cortar los tallos de las rosas, enviamos con cada ramo una ficha explicativa de cómo cortar correctamente los tallos para asegurar que las flores reciben agua.

Actualmente la rosa se cultiva en prácticamente todo el mundo pero las que enviamos esta semana han crecido en Ecuador, país que se ha especializado en el cultivo de una variedad muy especial por el generoso tamaño del capullo, el intenso colorido de los pétalos y la esbelta y arquitectónica estructura de los tallos.

Las rosas se pueden regalar solas (1 vara) o en ramo pero en este caso lo elegante es regalar un ramo con un número de rosas par. Tradicionalmente, cuando un caballero –o el amante bandido- regalaba rosas a su enamorada cogía una del ramo y se la colocaba en el ojal de la levita o la chaqueta, cerca del corazón, dejando el ramo en número impar.

A día de hoy es difícil precisar cuántas variedades de rosas hay. La facilidad de cruzar especies para dar lugar a nuevas y originales flores han hecho proliferar de tal forma las alternativas que se calcula que pueden existir fácilmente más de 20.000 tipos de rosas distintas.

Originariamente crecieron, hace más de 4.000 años, en el fértil valle situado entre los ríos Tigris y el Eufrates, en Oriente Medio, justo donde tradicionalmente se situaba el Paraíso del Antiguo Testamento. De hecho, planchas de arcilla descubiertas en los templos de Ur (Irak) nos hablan del uso que el sultán de Bagdad hacía del agua de rosa destilada, del que utilizaba más de 30.000 ánforas al año para perfumar sus habitaciones privadas y su exclusivo harén.

A pesar de que los griegos ya conocieron y apreciaron esta flor hasta el punto de dedicarla a la diosa Afrodita por ser el símbolo de los dones de esta divinidad, la belleza y el amor, Europa tuvo que esperar hasta la Edad Media, tras las Segundas Cruzadas, para conocer la expansión y el inicio del aún hoy reinado de la rosa. En aquella época, los cruzados que defendieron Jerusalén del ejército del general musulmán Salah-al Din (más conocido por Saladino), regresaron a Europa tras la caída de la ciudad sagrada trayendo consigo esquejes de una nueva planta que habían descubierto en los jardines monásticos orientales y que los monjes cultivaban por sus propiedades medicinales. Por su parte el mismo general sarraceno también utilizó esta flor, enviando caravanas con cientos de camellos cargados de agua de rosas que fue utilizada para limpiar y purificar las mezquitas que habían sido ocupadas por los cristianos.

En Inglaterra la rosa fue el emblema de una guerra, la denominada Guerra de las Rosas, que enfrentó durante más de 30 años a las poderosas e influyentes casas nobiliarias de Lancaster (conocida como rosa roja) con la finalmente victoriosa casa de York (que se vinculó con la rosa blanca). Durante la época Victoriana, las jóvenes damas inglesas que aún no estaban comprometidas en matrimonio tenían la costumbre, en la noche de San Juan, de recoger a las doce en punto de la noche una rosa perfecta de un jardín y colocarla en un jarrón con agua. Si la flor todavía estaba fresca al día siguiente, la joven dama sería correspondida por el caballero al que amaba secretamente. Si los pétalos habían caído, mala señal: él nunca se casaría con ella.

Hasta el siglo XIX se pensaba que los pétalos secos de las rosas tenían misteriosos poderes medicinales, lo que llevó a Napoleón a entregar a sus oficiales bolsas con pétalos de rosas para disolverlos en vino blanco en caso de que tuvieran que curar infecciones producidas por heridas de guerra.

De la rosa se aprovecha todo y para todo. Es una de las flores más utilizadas en gastronomía y pastelería tanto para decorar como para comer o destilar y aplicar la esencia en bollos, pasteles y dulces de todas las clases. En aromaterapia, la esencia de la rosa es una de las preferidas para inciensos, velas, conos, bouquets, poutpourris y ambientadores. En perfumería y cosmética es esencial para todo tipo de aplicaciones: ungüentos, cremas, perfumes, aguas, esencias puras. En medicina, la rosa ha sido utilizada con éxito para curar achaques y males como constipados, tratamientos de insomnio o carencia de vitamina C. El aceite de rosa está especialmente recomendado para reducir los niveles de colesterol y el agua de rosas es un poderoso aliado para la piel y su tratamiento, por sus efectos astringentes y limpiadores.

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